
Pensé que todo lo podía controlar.
Pero me equivoqué.
Todo había estado fuera de mi control desde hace mucho,
mucho tiempo atrás.
Todo dentro del yo, vale aclarar.
Dentro de los límites de mi consciencia:
Yo, Ello, Superyó…
Súper Ello.
Ya no sé si dentro de esas decepciones
encuentre algo.
Desilusionado, desilusionado una vez más.
Desilusionado.
Reiteración necesaria.
Y es mi culpa.
Es porque soy débil.
Es porque me miento a diario.
Pensé que todo lo podía controlar.
Pero desde que los “hola” tienen un sabor raro
al ser pronunciados,
y desde que me obsesiono con saber más,
y me vuelvo un psicópata sin que alguien se dé cuenta, pero en serio,
todo ese sistema empezó a morir,
y ahora ha sido enterrado.
Sí, al lado de la pútrida paloma.
Abajo de los fragmentos de cristal fragmentado.
Encima de la hoja en la que estoy escribiendo…
“Hola, ¿cómo estas?”, de nuevo.
Y caigo, desfallezco a diario.
¿Dónde está la respuesta?
No, no lo creas,
si estuviera allí, eso sí que sería fácil de encontrar.
Sería fácil.
Abro el libro.
Página 11.
La leo.
Pensé que todo, absolutamente todo acerca de mí, lo podía controlar.
¡Qué gracioso resulta aquello!
Imposible de concebir.
Hasta tu vecino loco que vive al frente, o al lado, ya ni me acuerdo,
(o mejor dicho, estoy inventando),
ni siquiera ese tipo lo podría imaginar como algo posible.
¿Dónde está? ¿Dónde está?
¿Aquí? ¿Allá?
Inalcanzable… Irracional…
Mis sueños…
Tus sueños hablan sobre situaciones mágicas e incoherentes, pero son un alivio.
Yo ni siquiera he soñado con el perro muerto y asesinado de nuevo.
Últimamente, tampoco he soñado con mis culpas.
Al menos, eso es bueno.
Página 112.
La cambio.
115.
Nada.
Ausencia de sentido, al menos ahora no tiene sentido.
Después lo tendrá.
Pienso en callar por un tiempo.
Callar.
Reír y llorar, o mantenerme en un estado neutral
entre parpadeos,
antes de ir al baño, y después de cenar a través de un escrito archivado.
Hablo, y aún sigo en silencio.
Escribo…
Muero, pero me levanto más tarde, al final es lo mismo.
“Ya acabará”
Siempre termina acabando.
Pretendemos olvidar.
Ni siquiera tu mismo otro yo te puede ver, crees tú.
Porque no olvidamos, porque sí estamos inventando constantemente.
Porque yo estoy inventando ahora…
¡No, estoy creando! Creo cosas más o menos digeribles.
No, cosas masticables…
Tampoco. Cosas que causan diarrea.
A diario.
Siempre la imaginación es más agradable,
aunque se mueran todos en el texto,
o el amor sea humillado de cualquier forma,
con un cliché o con un sufrimiento que parece demasiado.
Igual nos gusta.
Porque es mejor que Esto.
Esto, lo que vemos a diario,
cada vez que oímos música o nos encerramos en otro mundo que idealizamos.
Cierro el libro.
Tiro un lápiz por la ventana, porque ya no quiero escribir más.
Le llega a alguien en la cara.
Sonrío.
Pienso: “Ya existo”
Y digo: “Hola” –al día siguiente.
Y cuento lo que me pasó.
“¿Cómo estás?”, preguntas.
“¿Yo? Ahora... creo que mucho mejor”, respondo callado, en silencio.
(Jerx)